Reflexión, imitación o experiencia: cómo aprenden los países su acústica escolar
España, Inglaterra, Estados Unidos e Italia piden cosas parecidas a un aula, pero no a todos los alumnos ni a todos los edificios. Dos preguntas ordenan la comparación: a quién distingue cada norma y a qué aulas alcanza.
Se atribuye a Confucio una frase sobre los tres caminos hacia la sabiduría:
Resume bien cómo aprende una persona, y también cómo aprende un sistema educativo:
- La reflexión, la más nobleAprender pensando, analizando y poniéndose en cuestión antes de actuar. Permite entender aciertos y errores sin pagar sus consecuencias.
- La imitación, la más fácilAprender observando a otros y siguiendo sus modelos. Es cómodo y práctico, pero limita la originalidad.
- La experiencia, la más amargaAprender de los propios tropiezos. Deja huellas profundas y dolorosas, pero la lección no se olvida.
Este post es la parte «imitación» de esa escalera. En el anterior reflexionábamos sobre por qué Bruselas no va a resolver la acústica del aula.[1] Ahora miramos qué hacen otros países que sí han puesto cifras sobre la mesa.
Qué vamos a comparar, y qué no
Hay muchas comparaciones posibles, y casi todas acaban en una tabla de segundos y decibelios. Aquí los números importan menos que dos preguntas de fondo:
- ¿Cuánto distingue la norma? Si fija el mismo valor para todo el alumnado y todos los espacios, o si lo adapta a la necesidad del alumno o a la actividad del espacio.
- ¿A qué aulas alcanza? Si solo obliga a lo que se construye de nuevo o si dice algo de lo que ya existe, que es casi todo.
Cada norma mide en condiciones distintas: el DB-HR, con el aula vacía y sin mobiliario; la BB93 y la S12.60, amuebladas y sin ocupar; la italiana define el valor con un 80 % de ocupación y lo verifica en aula amueblada y vacía. Un 0,7 s de una norma no equivale al de otra, así que no comparamos cifra a cifra.
Los valores con † son un cálculo propio con las fórmulas de la UNI 11532-2, para un aula de 180 m³ (60 m² por 3 m de altura).[5][6][7] El resultado para un aula ordinaria, unos 0,55 s, coincide con los 0,56 s que la propia Arianna Astolfi, principal autora de la norma, cita para un aula de 60 m².[11]
1. Cuánto distingue cada norma
Distingue másNo distingue o distingue menos
| Se distingue por… | España (DB-HR) | Inglaterra (BB93) | EE. UU. (S12.60) | Italia (UNI 11532-2) |
|---|---|---|---|---|
| Actividad del espacio | Algo: 0,7 s en aulas y salas de conferencias y 0,9 s en comedores y restaurantes[2] | Sí: valores distintos por tipo de sala[3] | Algo: distingue espacios de aprendizaje básicos y auxiliares en el aislamiento | Sí: seis categorías de uso (música, conferencia, clase, aula especial, deporte y otros espacios)[5][6] |
| Necesidad del alumno | No: un solo valor para todo el alumnado[2] | Sí: 0,4 s y ruido de fondo de 30 dB(A) en obra nueva en aulas pensadas para necesidades auditivas o de comunicación[3] | Parcial: las aulas de hasta 283 m³ deben poder adaptarse a 0,3 s; el comentario de la norma lo recomienda para hipoacusia[4] | Sí: el aula ordinaria es la categoría A3 (en 180 m³, unos 0,55 s †) y las aulas especiales, pensadas para personas con necesidades particulares, la A4 (unos 0,45 s †)[5][6][7] |
El DB-HR es la norma que menos distingue: da el mismo valor, 0,7 s, a todas las aulas de menos de 350 m³, las use quien las use. Las otras tres admiten, de maneras distintas, que no todo el alumnado necesita lo mismo para entender.
Dos matices evitan sacar de aquí una conclusión demasiado cómoda. Primero, estos valores más estrictos son para aulas concebidas para ese alumnado, no para el aula ordinaria donde hay un niño con hipoacusia. Segundo, la S12.60 deja fuera de su alcance los espacios para alumnado gravemente afectado, que requieren un diseño propio.[4] Y ninguna norma agota el asunto: una revisión de 18 guías internacionales no encuentra ninguna que recoja las preferencias del alumnado, y seis ni siquiera mencionan necesidades específicas.[9]
2. A qué aulas alcanza cada norma
Alcanza másAlcanza menos
| País | Qué aulas alcanza | Qué dice del parque existente |
|---|---|---|
| España | El DB-HR obliga en obra nueva y en rehabilitación integral desde 2009. Excluye las obras de ampliación, modificación, reforma o rehabilitación en edificios existentes, salvo la rehabilitación integral.[2] | Casi nada, con una excepción: el máximo de 40 dB(A) de ruido de fondo del RD 1367/2007 vale también para los edificios existentes.[10] |
| Inglaterra | La BB93 da valores para obra nueva y para rehabilitación, algo menos exigentes en la segunda (por ejemplo, 0,8 s y 1,0 s en vez de 0,6 y 0,8).[3] | La reglamentación de locales escolares se aplica a los edificios nuevos y a los existentes, con una exigencia general: que las condiciones acústicas sean adecuadas a la actividad. Sin cifras propias; la BB93 es la vía normal de cumplirla.[3] |
| Estados Unidos | Voluntaria; obliga donde la adopta la autoridad. Se aplica a las aulas nuevas y a las grandes reformas, según las defina quien la adopta.[4] | Una cláusula distinta: ninguna alteración, reforma, reparación o mantenimiento puede empeorar la acústica de un aula existente.[4] |
| Italia | Obligatoria en las construcciones nuevas y en las reformas de edificios públicos, y voluntaria en los privados, donde sigue vigente un decreto de 1997 con 1,2 s de reverberación media.[5][6][7] | Alcanza al edificio existente cuando se reforma con contratación pública. Sus autores señalan que partes de la norma pueden aplicarse a reformas parciales.[6] |
El color marca lo mejor y lo peor de cada fila según este blog; las celdas sin color quedan en un punto intermedio. No es una puntuación oficial.
Aquí la imagen cambia. Ninguna de las cuatro normas obliga a corregir una escuela antigua que nadie va a tocar. Pero hay tres formas distintas de acercarse al problema, y España tiene la menos desarrollada:
- Inglaterra sustituye el «todo o nada» por una escala: cifras algo más laxas para reformar, y una exigencia general sobre lo existente.
- Estados Unidos pone un suelo que no admite retrocesos: una reforma no puede dejar el aula peor de lo que estaba.
- Italia engancha la exigencia a la compra pública: si el dinero es público, la norma va incluida.
En España, una reforma parcial de un aula, que es lo habitual en un centro antiguo, no activa el DB-HR. Se puede cambiar un techo, unas ventanas o unos suelos y dejar el aula igual o peor, sin que el DB-HR lo impida. Ninguna de las otras tres normas resuelve el parque existente, pero al menos dos de ellas cierran esa puerta.
Ninguna tiene el camino terminado
Mirar a otros países no equivale a encontrar un modelo cerrado. Ninguna de las cuatro normas está acabada. El DB-HR sigue con un valor único y sin llegar al parque existente. La BB93 y la S12.60 reservan lo más exigente para aulas aparte. La italiana, la más reciente, es también la que más cambios admite: su propia autora cuenta que la base científica de parámetros como la claridad (C50) sigue evolucionando.[11] Y una revisión de 18 guías internacionales concluye que ninguna recoge las preferencias del alumnado.[9]
Además, el terreno se mueve por debajo. Estas normas nacieron pensando en un aula cerrada, con un docente que habla al frente. Pero los modelos de aula cambian (espacios abiertos, agrupamientos flexibles, aulas multimedia) y también lo hacen las actividades de aprendizaje: trabajo por proyectos, varios grupos hablando a la vez, tecnología en el aula. Algunas normas ya lo notan:
- La BB93 dedica un apartado a los espacios abiertos. Exige inteligibilidad dentro de cada grupo (STI de 0,61 o más) y privacidad entre grupos (0,3 o menos), calculadas sobre un plan de actividades acordado desde el diseño.[3]
- La S12.60 reconoce que, con cerramientos parciales o sin ellos, no se puede asegurar el aislamiento entre grupos de aprendizaje.[4]
- La UNI 11532-2 prevé aulas donde hablan varias personas a la vez (categorías A3 y A4).[6]
La ISO 22955 (2021) no habla de escuelas sino de oficinas abiertas, pero resuelve un problema parecido: actividades que piden cosas contrarias, hablar y concentrarse, en un mismo espacio. Su método sirve para un aula flexible:[12]
1. Define el espacio por la actividad. Distingue seis tipos (actividad aún desconocida, comunicación por teléfono, colaboración entre puestos cercanos, poco trabajo colaborativo, atención al público y actividades combinadas) y fija valores propios para cada uno.
2. Cuando conviven actividades, la separación crece con la diferencia entre ellas. Cuanto más distintas son la actividad y la sensibilidad al ruido, más atenuación del habla se necesita: de unos 12 dB entre actividades parecidas hasta 32 dB entre una zona social y otra de trabajo individual concentrado. La propia norma advierte de que estos valores son orientativos y pueden variar con el contexto.
3. Actividades distintas pueden convivir si se separan bien. Agrupar a quien coopera, separar a los equipos distintos y estructurar el espacio con las zonas de apoyo. En la zona social, la norma recomienda además que la absorción alcance al menos el 90 % de la superficie del suelo.
4. El espacio se gestiona, no solo se construye. Incluye una carta de uso colectivo y una encuesta modelo para las personas usuarias.
Traducido al aprendizaje: antes de preguntar «¿cuántos segundos de reverberación?», preguntar qué actividades conviven en el espacio, quién habla, quién necesita escuchar y cuánta distancia o barrera hay entre ellos.
No se trata de arreglarlo de una vez ni de escribir la norma definitiva. Se trata de algo más modesto y más duradero: incorporar la acústica a la dimensión ambiental de los espacios de aprendizaje. Hoy nadie diseña un aula sin pensar en la luz, la temperatura o la calidad del aire. El sonido debería formar parte de esa misma lista, y las normas irán madurando a medida que lo haga esa costumbre.
La escalera de Confucio, aplicada al aula
Reflexión. La hemos hecho: sabemos que el ruido y la reverberación no son un detalle técnico, que afectan más a quien más depende de oír bien, y que España ha dejado el problema fuera de su norma de edificación y de la reforma del RD 132/2010 que ahora se negocia.
Imitación. Está al alcance, y la comparación dice qué imitar sin copiar. De Inglaterra, valores distintos según la necesidad del alumno y la actividad. De Estados Unidos, una cláusula que impida empeorar un aula al reformarla. De Italia, diversificar las categorías de uso, con valores propios para el aula ordinaria, el aula especial, la conferencia o el deporte. De la ISO 22955, pensar por actividades y por zonas, no por un único valor. Imitar bien no es traducir una norma ajena, que mide en otras condiciones, sino adaptar la idea a la nuestra.
Experiencia. Es el camino por el que seguiremos transitando si no hacemos lo anterior: aulas que se reforman sin criterio, alumnado que no oye lo que se le explica y una evidencia que llega, como siempre, cuando ya se ha pagado el precio. La más amarga de las tres vías es también la que elegimos por defecto cuando no elegimos otra.
La reflexión ya está hecha. Lo que falta es decidir si el siguiente paso es imitar o seguir esperando.
Referencias
- acusticaescolar.com (2026). La ausencia ruidosa de la acústica escolar.
- Código Técnico de la Edificación, Documento Básico DB-HR Protección frente al ruido (versión vigente). Exigencia de 0,7 s en aulas de menos de 350 m³ vacías y sin mobiliario, y ámbito de aplicación.
- Department for Education (2015). Acoustic design of schools: performance standards (Building Bulletin 93). Londres: DfE. Texto de febrero de 2015, apartados 0.2 a 0.5 y tablas 1, 3a, 3b y 6.
- ANSI/ASA (2010). ANSI/ASA S12.60-2010/Part 1: Acoustical performance criteria, design requirements, and guidelines for schools. Permanent schools. Acoustical Society of America. Apartados 1, 4 y 5 y comentario 5.3.1.
- D'Orazio, D., Fratoni, G. y Tardini, V. (2025). The Italian standard on classroom acoustics UNI 11532-2:2020 explained through case studies. Applied Acoustics, 231, 110498. doi:10.1016/j.apacoust.2024.110498.
- Astolfi, A., Parati, L., D'Orazio, D. y Garai, M. (2019). The new Italian standard UNI 11532 on acoustics for schools. Proceedings of the 23rd International Congress on Acoustics, Aquisgrán, 6969-6976.
- Astolfi, A., Puglisi, G. E. y Lombardo, A. (eds.) (2022). Acustica per ambienti scolastici. Rockfon. rockfon.it. Guía técnica de un fabricante.
- Saint-Gobain Italia (2021). Manuale tecnico di acustica edilizia. saint-gobain.it. Manual técnico de un fabricante.
- Kurukose Cal, H., Aletta, F. y Kang, J. (2025). Integration of soundscape assessment and design principles into international standards and guidelines for learning environment acoustics. Building Acoustics. doi:10.1177/1351010X251354870.
- Real Decreto 1367/2007, de 19 de octubre, por el que se desarrolla la Ley 37/2003, del Ruido. BOE núm. 254, 23 de octubre de 2007. Anexo 2.
- Ecophon (Saint-Gobain). Italian acoustic standard for schools breaks new ground. Entrevista a Arianna Astolfi, por D. MacCutcheon. ecophon.com.
- ISO 22955:2021. Acoustics — Acoustic quality of open office spaces. Primera edición, mayo de 2021. Ginebra: Organización Internacional de Normalización. Texto de la edición BS ISO 22955:2021.
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